Reluciente, afilado y cortante me miras desde la empuñadura a la punta y señalas con ahínco esa parte de mí que nunca he considerado bella. Dijeron una vez que para comprender a quien te empuña y te utiliza en sus propias carnes habría que desear empuñarte y usarte en las propias carnes de las que parte la mano que te agarra friamente el cuello. Sin pretender llegar al momento culmen, siento deseos de mirarte, lentamente, desde la punta a la cola y mirarme los rios en los que fluye la vida y atravesarlos, para olvidar que existe. Y sin embargo, me falta el valor o los motivos se me hacen insuficientes frente al oscuro abismo que me ofreces. Tal vez algún dia lo haga. Tal vez te pierda el miedo y el respeto que tu trabajo me causa. O tal vez no. Tal vez debiera ser un Larry y olvidarme de todo lo que inculcaron. Olvidar que existes. Olvidar que los demás existen. Olvidar que el mundo gira. Y seguir sin rumbo, vagando, pero en el finito, sin rencor ni odio de los que siguen los rios que les hacen vivir eternamente en el inframundo, aún sin haber visitado al can cerbero, ignorando lo que ellos más valoran, valorando lo que ahora más ignoras, Megara: tu vida.
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