lunes, 31 de marzo de 2008

Sentada en el muelle de la bahía

Ayer volví a los domingos por la mañana de hace años. La cortina apenas conseguía detener el sol que quería entrar por el balcón. El soul se desparramaba por los altavoces. Un desayuno tranquilo. You send me a blue velvet when I was sitting on the dock of the bay. What a wonderfull world!
Y sin embargo la realidad se impuso. La cotidianidad que ya estaba partida volvió a mí para recordarme que debía hacer todo lo que tenía pendiente antes de que cayese la noche. Máldita responsabilidad. ¿Por qué cuando te obedezco me culpo de no ignorarte? ¿Por qué cuando te ignoro me culpo de no obedecerte?
Estaba sentada en el muelle de la bahía. ¿Tú no lo conoces verdad? Tú nunca sabrás lo que es estar sentada en el muelle de la bahía. Nunca sentirás la brisa cargada de sal y humedad golpeando suavemente tu piel mientras escuchas el murmullo de las olas bajo el crujido de la madera que está por debajo de tí. Nunca sabrás lo que es volver a escuchar la melodía que hace tiempo escuchaste, recordando tiempos pasados, o lo que es mejor, escuchando sin pensar en nada. Tú, que nunca sabrás nada de esto, vienes a mí cargada de ira, celosa, en todos los buenos momentos y como un grillo me atormentas gritando sin cesar en mi cabeza. Y no contenta con esto, maldita, enfadas a tus enemigos cuando te obedezco.
Pero esta vez no te saldrás con la tuya. Te voy a dejar por unas horas. Puedes estar segura: voy a hacerme un hueco en el que no podrás entrar. I believe I'm gonna make it. Esta vez el Let's stay together no irá por ti. Esta tarde es mia.
Insistente te oigo detrás de mi mundo gritando: Una colada pendiente. He cerrado la puerta. Por mas que grites tu ira por hoy no pasará. No te escucharé por detrás del muro en el que te dejé encerrada. A la noche volveré a por a ti y dejaré que me cargues con tus toneladas de realidad inmunda. No te esfuerces: Esta tarde mando yo.
Sentada en el muelle de la bahía, mirando los barcos pasar, mirando el tiempo pasar...

martes, 25 de marzo de 2008

Contra la clepsidra

Cinceles que golpean con ahínco la sien son tus gotas al chocar con el barro. De la fortaleza nacidas, vivaces, brillantes vienen a caer sin compasión. Y apenas colisionan con el barro que te forma, en mil pedazos de miniaturas exactas se deshacen para, exahustas, tras morir fusionarse. Tremendas todas ellas: a expulsar a sus antiguas compañeras te incitan, nada más morir, sin saberlo, constantemente.
Ritmo infinito. Pulso sin fin. Eres tú. ¿Controlarte quién pudiera? ¿Quién detenerte pudiera o al abismo acelerarte?
E insistente tu traqueteo constante tintenea todo el tiempo transcurrido tambaleando el pensamiento ritmicamente.

Tac silencio. Tac silencio. Tac silencio...

domingo, 23 de marzo de 2008

La Hélade y Megara.

Aturdida por el mar Egeo y una marea de pueblos enfrentados entre sí, pero que a la vez la defendían como tierra natal, Hélade nació y maduró. Junto a ella un conjunto de leyendas y personajes vieron la luz para divinizar el mundo conocido, explicar lo inexplicable y hacer comprender a propios y extraños los acontecimientos que podían suceder en cualquier momento.
Decenas de seres divinos, semidivinos y mortales aparecían por toda la tierra conocida. Megara era una de ellos. No fue la más importante. No vivió nunca en la cima del Olimpo. Y sin embargo, miles de años después de su "muerte", su nombre sigue estando aquí.
¿Qué hizo esta mujer mitológica en aquella época? Ante todo existir, con eso basta. Su historia es irrelevante, o tal vez no, para este blog. Su nombre sólo aparece como reminiscencia de una etapa de una vida. El resto no importa, sólo queda una mujer que vivió en una región en una época de cambios, una Mégara una Hélade. Eso es todo, el resto es mitología.