viernes, 11 de abril de 2008

La llegada.

Nada en el comienzo. Después el ente.

Sin forma un ente, sin nombre un color, un silencio apenas, nada en el cominenzo hubo. Reconociose ser. Súpose a sí. Sintiose en vida sin lo que esto era saber. Creyose gigante, incomparble y sin límites. Nunca estar creyó en parte alguna. Poder moverse creyó, más no en que lugar se movía. Y erró al creer pensar por sí.

De la estática al movimiento, infinito caos de veredas inexcrutables. De un, sin nombre, color a los tonos infinitos. Del eterno silencio al ruido eterno. Volviose palpable su mundo, a sí mismo su mundo hízose.

¿Quién comprender puede el caos de moléculas que la totalidad puebla? ¿Quién entender puede a la magia?

Palpó su entorno, lo miró y se vio. En ese momento tubo conciencia plena de existir. Entonces comprendió ser.

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