martes, 25 de marzo de 2008

Contra la clepsidra

Cinceles que golpean con ahínco la sien son tus gotas al chocar con el barro. De la fortaleza nacidas, vivaces, brillantes vienen a caer sin compasión. Y apenas colisionan con el barro que te forma, en mil pedazos de miniaturas exactas se deshacen para, exahustas, tras morir fusionarse. Tremendas todas ellas: a expulsar a sus antiguas compañeras te incitan, nada más morir, sin saberlo, constantemente.
Ritmo infinito. Pulso sin fin. Eres tú. ¿Controlarte quién pudiera? ¿Quién detenerte pudiera o al abismo acelerarte?
E insistente tu traqueteo constante tintenea todo el tiempo transcurrido tambaleando el pensamiento ritmicamente.

Tac silencio. Tac silencio. Tac silencio...

1 comentario:

Arcadio Serrano Molina dijo...

Precioso. Vaya ritmo! se lee en un vórtice de frenesí.